17/11/17

RESEÑA #99: ÁNGEL MECÁNICO


RESEÑA #99: ÁNGEL MECÁNICO

¡Hola, hola, hola!

¡Por fin viernes! Esperad, repito: POR FIN VIERNES. ¡Qué ganas tenía de que se acabara la semana! Además, ¡¡hace tanto frío que se puede leer debajo de la mantita!! La felicidad, así de claro. Qué sí, ahora me diréis que tampoco es el plan del año, pero a mí me apetecía mucho. Hablando de cositas maravillosas… debo deciros que por fin he vuelto a caer en las redes de Cassandra Clare. Esto se debe, en su mayor parte, a que Laura, del blog Paseando entre páginas; y Omaira, del blog Entre la lectura y el cine, estuvieron leyendo juntas la saga principal. Claro, cuando se habla tanto de unos libros que yo dejé a medias… pues pica la curiosidad. Así que sí, decidí animarme con la trilogía que tanto gusta a todo el mundo. Pero esperad, que la historia es un poquito más larga. ¿Qué tal si mientras se prepara una cafetera me dedicáis unos minutitos? Prometo ser breve.

Mi señora madre me regaló Ángel mecánico hará ya unos tres años – creo que tres justos, pero como no estoy segura lo dejaremos en aproximadamente, ¿sí? –. No sé si por pereza, por dispersión o por fijación con la novela romántica, aparqué el libro. Ahora que lo he retomado, sólo puedo deciros que fui tremendamente idiota. ¡Vaya joya me he estado perdiendo! Pero no me enrollo más… ¡Dentro reseña!


Ficha técnica



Título: (Cazadores de sombras Los orígenes 1) Ángel mecánico

Autora: Cassandra Clare

Traducción de: Patricia Nunes

Editorial: Planeta

Número de páginas: 448

ISBN: 9788408096238

Precio: 17,95


Sinopsis


Tessa Gray está dispuesta a encontrar a su hermano, del que no recibe noticias desde hace tiempo. Para ello, se dirige a Londres, donde será raptada por las Hermanas Oscuras, miembros de una organización secreta llamada el Club Pandemonium, y rescatada por los Cazadores de Sombras. Tessa se sentirá atraída en seguida por Jem y Will, y deberá elegir quién de ellos ganará su corazón mientras los tres siguen en busca de su hermano y descubren que alguien trama acabar con ellos.


Mi opinión


Si me seguís desde que esta locura de rinconcito empezó, sabréis que Cassandra Clare es una autora a la que adoro tanto como odio. Visceral, como a mí me gusta, sí, sí; pero es que no hay otra forma de definir lo que pienso de esta señora. Sus historias son minas de oro. Minas de oro cargadas de disgustos, momentos que rompen el alma, que arrancan suspiros y que hacen que pienses que no hay nada más maravilloso. Porque sí, amigas y amigos, Cassandra Clare es una cabrona. Una cabrona de las grandes. Y yo me inclino ante ella, porque se merece todo mi respeto.

Londres. 1878. Tessa Gray acaba de dejar Nueva York para reunirse con Nathaniel, Nate para los amigos, tras la muerte de tía Harriet. Después de mucho tiempo si saber nada de su hermano mayor, nuestra protagonista no podría estar más contenta de estar subida en un barco de vapor rumbo a Inglaterra. Tiempos duros, los que ha pasado la pequeña familia de Tessa. Tiempos que van a enterrar gracias al nuevo trabajo de Nate, a todas sus promesas… o tal vez no.

La llegada al puerto no es emotiva, como Tessa pensaba; ni siquiera dulce. Llueve, hace un frío de mil demonios y un hombre de lo más extraño la espera para arrastrarla, prácticamente sin contemplaciones, al carro de caballos en el que las Hermanas Oscuras esperan a nuestra pequeña ilusa. Dos mujeres horribles que convierten su vida en un maldito infierno.

Veréis, Tessa Gray tiene una habilidad, una realmente preciada, una que interesa sobremanera al Magíster, un hombre muy poderoso entre los subterráneos. Sobra decir que la señorita Gray – como se supone que deben llamarla – no concibe que nada de todo eso sea cierto. Ahora bien, ¿por qué tiene la habilidad de convertirse en cualquier persona sólo con tocar un objeto que haya pertenecido al sujeto en cuestión?

Cuando, hace ya años, descubrí el mundo de los cazadores de sombras no quedé demasiado impresionada. De hecho, mi disgusto con Ciudad de Hueso fue mayúsculo. Ahora bien, unos años más tarde me animé con las dos siguientes partes de la saga y quedé fascinada. Casi tan fascinada como con esta primera entrega de trilogía. Porque sí, la saga de Los instrumentos mortales está muy bien; pero ésta la supera con creces. Lo sé, lo sé, las comparaciones son odiosas; pero dejad que hoy sea un poco hipócrita. A fin de cuentas, mi máxima es la sinceridad, ¿no?

Tessa sabe que hay algo que no cuadra. Cosas como que Miranda, la criada de la mansión de las Hermanas Oscuras, ni siquiera parece un ser humano. Cosas como que cambiar de cuerpo le duele y le lleva a un vacío imponente. Cosas como que Nate está en peligro y sólo ella puede salvarlo. Tal vez por eso se sorprende tanto cuando, una noche cualquiera, Will Herondale y Jem Carstairs aparecen en la mansión.

Sin entrar en demasiados detalles, os diré que una de las Hermanas Oscuras no sale muy bien paradas. La partida de Tessa y los cazadores de sombras comporta tres problemas: nuestra protagonista no sabe dónde está su hermano, no sabe si puede fiarse de esos chicos que han ido a ayudarla – prácticamente de rebote – y, lo que es más importante, no tiene ni la más mínima idea de quién narices es ella misma.


Y ahora, bienvenidas y bienvenidos a la Zona Spoiler


Hay veces, como ahora, en las que no sé juntar palabras. Veces en las que no sé cómo pediros que leáis joyas tan maravillosas como ésta. Momentos, momentos y más momentos en los que, por muchas veces que me plante ante la hoja en blanco; no sé qué hacer para que todo lo que he sentido os llegue a vosotras y vosotros. Sí, sé que no hace mucho publiqué una entrada en la que os hablaba de evolucionar como personas que leen. Sí, sé que Ángel mecánico es, a efectos prácticos, un libro juvenil. Pero para mí ha sido no sólo un oasis maravilloso; sino también todo un redescubrimiento. Para mí, tanto Jace como Clary fueron dos personajes maravillosos, cada uno a su manera; pero lo que Cassandra Clare nos regala en esta trilogía es muy diferente. Personas. Personas aterrorizadas con sus vidas, con sus pasados y sus presentes. Personas que no aceptan quién son, personas que temen la verdad tanto como la muerte. Personas, joder, y qué bonito es eso.

El Instituto es un lugar de lo más pintoresco para Tessa. Mujeres que luchan, en plena época victoriana; hombres que la tutean y bromean con descaro con ella… Personas maravillosas que la acogen mientras ella decide qué hacer con su vida. Porque sí, ni Charlotte ni Henry, jefes de la institución de Londres; tienen intención de deshacerse de la Cambiante. Todo lo contrario.

Hablaba, unas líneas más arriba, de lo maravillosos que son los personajes de este libro. Lo mantengo. Quiero explicarme. Si bien es cierto que se nos vende a Will Herondale como un capullo de los grandes, la sensación con la que me quedo yo es la de que no es más que un hombre asustado. Un chico que no acepta la crudeza de su pasado, sea cuál sea; un chico que lucha con uñas y dientes por el bien del resto del equipo. Porque sí, Will será un capullo, pero se deja la piel porque a Jem no le pase nada. Jem. El dulce y encantador Jem. No os podéis hacer una idea de los disgustos que me ha patrocinado este chico. Primero pensé que lo aborrecería, que lo convertiría en uno de esos chicos sosos, cursis y empalagosos… qué equivocada estaba. Ese chico es una joya. Una joya que tiene una vida de mierda. No diré nada más.

Como no quiero hacer una crónica de los personajes, añadiré un par de puntos: Jessamine es buena gente. Muy en el fondo, sí, pero buena gente al fin y al cabo. Tal vez por eso me ha gustado, aunque no tanto como el bueno de Henry. Se da un aire a inventor loco que no tiene despercidio, creedme.

La trama. Ay, la trama. Cassandra Clare rompe barreas, con los cazadores de sombras. Mujeres que luchan. Mujeres que son fuertes. Porque sí, amigas y amigos, ni la buena de Charlotte, ni la remilgada Jessamine, ni siquiera nuestra pobre Tessa se quedan atrás a la hora de presentar batalla. Bravo, Cassandra Clare, bravo.

Otro punto de lo más curioso, y maravilloso, ha sido el tema de los autómatas. Francamente perturbador, el asunto, si queréis mi opinión; eso sí, se lleva con tanta elegancia que una no puede más que admirarse de lo que pueden dar de sí esas criaturas que no pertenecen ni al Cielo ni al Infierno.

Me ha encantado. Así de sencillo. La cabeza me ha dado medio millón de vueltas, pensando teorías conspiratorias que luego caían por su peso; porque sí, nuestra autora, esa que nos brinda capítulos preciosos para luego pisotearnos el corazón sin ningún tipo de piedad, tiene la pleitesía de darnos un bofetón de realidad en la cara. Nada es lo que parece y a veces, los que parecen más débiles, son los verdaderos monstruos a batir. Quiero deciros más cosas, no creáis, pero me parece horrible destripar toda la verdad, por mucha zona spoiler que haya; después de un giro tan brillante.

Quiero hacer una última mención. Magnus. Magnus Bane. ¡Qué bonito es reencontrarse con personajes tan maravillosos! Un brujo de lo más curioso, nuestro señor Bane, ¿verdad? Me ha encantado la caracterización, la esencia inquebrantable de nuestro estrafalario brujo. Me ha gustado casi tanto como empaparme de todo el final. Un final que me ha dejado con sentimientos encontrados. La sonrisa a la que sustituye el ceño fruncido y el nudo en la garganta. El nudo que se ve sustituido por la rabia al ver que no había más páginas. Sólo diré una cosa: no sé que narices va a pasar con Will, pero me muero de ganas por descubrirlo.


Con todo, Ángel mecánico es un inicio de trilogía impecable. Personajes maravillosos, un ambiente gris y un golpe de gracia en forma de figuras mecánicas. Cassandra Clare se luce entre las páginas de esta novela. No sé a qué demonios esperáis para darle una oportunidad.

Nota: 5/5


Citas


(…)

Si no le importas a nadie en el mundo, ¿existes realmente?

(…)


(…)

-En cuanto a la temperatura del infierno, señorita Gray – comentó él –, déjeme que le dé un consejo. El atractivo joven que está tratando de rescatarla de un terrible destino nunca se equivoca. Ni siquiera si dice que el cielo es lila y está plagado de erizos.
<<Está completamente loco>>, pensó Tessa.

(…)


(…)

-Ya los hemos investigado antes y nunca hemos conseguido pillarlos haciendo nada turbio – indicó Henry –. Ser idiota no va contra la ley.

(…)


(…)

-Alguno de esos libros muerden – contestó –. Es mejor tener cuidado.
-Siempre hay que tener cuidado con los libros – replicó Tessa –, y con lo que contienen, porque la palabras tienen el poder de cambiarnos.

(…)



10/11/17

RESEÑA #98: PARA SIEMPRE


RESEÑA #98: PARA SIEMPRE


¡Hola, hola, hola!
Una semana más que se nos va. Y con qué frío, por amor de Dios. Sí, sí, aquí una servidora ya va con el abrigo a cuestas y la crema de las manos pegada al culo. Ups, quiero decir, siempre en el bolso. Bromas a parte, ¿a vosotras, a vosotros, no os pasa que las manos se os quedan destrozadas por culpa del frío? Ay, la vida.
Después de la conversación del tiempo, vamos con el libro de hoy. Os traigo un final de saga, sí, sí. Lo leí a finales de julio creo recordar – en cualquier caso, os hablé por encima en algún Wrap Up –, pero como soy un poquito desastre, hoy os traigo la opinión al completo. ¡Dentro reseña!

Ficha técnica


Título: (Cuatro bodas 4) Para siempre
Autora: Nora Roberts
Traducción de: Silvia Alemany Vilalta
Editorial: DEBOLSILLO
Número de páginas: 368
ISBN: 9788401384868
Precio: 8,95

Reseñas de los libros anteriores


Sinopsis

De niñas lo compartieron todo y con los años se han convertido en mujeres divertidas, sexis e independientes. Juntas han montado una empresa donde cada una aporta lo mejor de sí misma para convertir una boda en el día perfecto. El éxito está asegurado si Parker se ocupa de la organización, Laurel del banquete, Mackensie de las fotos y Emmaline de las flores. Si alguien sabe cómo planear la boda perfecta es este cuarteto de amigas. Aunque organizar varios enlaces a la semana no garantiza encontrar el amor, que siempre aparece cuando y donde menos lo esperas... como le acaba de suceder a Parker Brown.
Reina de la eficacia y el control absoluto, Parker no imagina lo mucho que va a cambiar su vida cuando, una tarde lluviosa, su coche se sale de la carretera. Al rescate llega Malcolm Kavanaugh, quien lejos de ser un príncipe azul es un mecánico que representa lo que ella más aborrece: lo impredecible. ¿Podrá Parker anteponer su corazón al cerebro ahora que lo que está en juego es su propia felicidad?

Mi opinión

Parker Brown, nuestra chica 10. La que no se salta ni una maldita cita, la que siempre llega pronto y anticipa los sucesos para que nada la pille desprevenida. Una pena que Malcolm Kavanaugh no entre en sus planes, ¿verdad? Si soy sincera, me siento agradecida. Agradecida a Nora Roberts por “vendernos” a Malcolm desde el segundo libro. Quiero decir, él al igual que Carter – nuestro adorable profesor -, es un personaje que aparece, en cierto modo, en el último momento. Con esto no quiero decir que su única función sea servir de pareja a una de nuestras chicas de Votos, ¡y menuda le toca!, sino que es alguien nuevo.
Haciendo balance, la saga ha sido un primor. Sigo decantándome por Laurel y Del, pero tanto Malcolm como Mac y Carter son, a mi juicio, de lo mejorcito de estos libros. Porque sí, amigas y amigos, Malcolm es un tío de estos que te dejan con la baba colgando. Un hombre entregado a su trabajo, alguien que ha luchado por conseguir una vida tranquila. Qué utópico, eso de tener una vida tranquila.
Nora Roberts. La mujer que nos arranca sonrisas hablándonos de chicas que organizan bodas de ensueño, de chicos que se sientan a jugar al póquer sabiéndose fulminados por las certeras flechas de Cupido. Diréis que estoy sentimental, y tal vez sea cierto. No sé si es que necesitaba una historia dulce, pero puedo deciros que ha sido todo un acierto leer la saga del tirón. Y es gracias a esto – sí, el verano hace que tenga demasiadas horas libres – que puedo deciros que cada personaje es un mundo. Bien es cierto que hay similitudes en comentarios, patrones de actuación e, incluso, algún que otro momento de pasión; pero en esencia, Emma, Laurel, Mac y Parker son mujeres totalmente diferentes, con gustos muy dispares.
No hay nada de espectacular en la historia de Malcolm y Parker. Ella es alguien que vive en las altas esferas, una chica rica; él es alguien que subió, cayó fulminado y ahora puede vivir sin quejarse. Un hombre que ha besado el suelo, al igual que Parker. Nuestra chica perfecta sabe lo que es perderlo todo en un momento, lo que es tener que afrontar una vida sin las personas a las que más quieres. No digo que los pasados truculentos sean siempre plato de mi agrado, aunque sí diré que, al menos esta vez, están muy bien gestionados. No hay grandes dramas, momentos de enfado irracional, nudillos sangrientos o ataques de rabia. No. Hay aceptación de los hechos, una superación que a mí me ha maravillado de principio a fin.
Como siempre en estos libros, el punto de inflexión es el inicio de una relación que, al menos al principio, no va a ningún sitio. Una en la que prima la compañía, la conversación y alguna que otra cena. Y el sexo, por supuesto, aunque no esperéis nada indecoroso por parte de Nora Roberts. Es todo tan terriblemente rosa que pasa sin pena ni gloria. Para el caso, la mujer podría escribir “y lo hicieron” y yo me quedaría con la misma cara. En fin, apreciaciones subjetivas aparte, la historia se desarrolla despacito, con tacto, palabras dulces y momentos que dejan a una con una señora sonrisa de boba.

Y ahora, bienvenidas y bienvenidos a la Zona Spoiler

Me doy cuenta de que, para esta saga, la zona spoiler es poco más que una excusa para destripar cosas que realmente no son sorprendentes. Ojo, esto no significa que los libros sean aburridos – prueba de ello es que yo prácticamente me los he fumado –, sino que son pausados, tranquilos y… maravillosos.
Parker era un personaje al que aborrecía. Uno que no me aportaba nada más que hastío, una necesidad casi patológica de poner los ojos en blanco y úlceras varias. Porque sí, porque no se puede ser tan asquerosamente perfecta. Dicho esto, dejadme que peque de hipócrita. Leer la historia de nuestra organizadora de bodas me ha servido para entender su forma de hacer las cosas. La eficiencia, esa forma de mantenerse ocupada para no pensar en sí misma. Chapó a la chica Brown.
Malcolm es, sin duda, de lo mejorcito. Carter aporta un toque dulce, uno de esos que hace que quieras formar parte de sus bromas, escuchar lo que tiene que decir sobre novelas ya enterradas. Jack es divertido, un fuera de serie. Y Del… Del es sencillamente maravilloso. Supongo que ahora os caeréis de culo, porque a mi juicio Malcolm es el pack completo. Un chico dulce, enfundado en una coraza de sonrisas e indiferencia. Alguien que sabe qué decir y cómo decirlo. Un chico que se gana el cariño desde la primera página.
Hacen un buen equipo, Parker y Malcolm. Tenía mis dudas, pero al final la cosa ha salido bien. Si tuviera que quedarme con un solo momento, uno solo, escogería la conversación que mantienen en el taller, cuando él está terriblemente molesto tras el accidente. No es tanto el hecho de que él le grite y ella, sencillamente, lo ponga en su sitio sin alzar la voz. El tema está en que me gustó ver caer la coraza, ver al Malcolm de verdad, hablando de sí mismo, ignorando al resto de personas del mundo. Me gustó verle caer rendido, verla caer a ella. ¡Qué narices! ¡Me encantó que los dos tuvieran que bajar los humos!
El final… Ay, el final. Es que yo sólo quería echarme a llorar como una idiota. ¿Cómo puede ser todo tan rematadamente bonito? Me imaginé cada escena. Casi podía ver a Mac desfilando por el salón de actos, a Laurel llorando – sí, sí, Laurel llorando – y a Emma al borde de algo malo. Y Parker. Ay, Parker. Precioso. Sencillamente, precioso.

Con todo, Para siempre es un estupendo broche para el cierre de una saga dulce, tremendamente adictiva. Cada palabra, cada pequeño detalle hace de la lectura una delicia. Malcolm y Parker, personas por las que yo no sabía qué sentir… ¡Menudo equipo!
Nota: 4/5



Cuatro bodas es una saga adictiva, de esas que hacen que quieras seguir leyendo. Ocho personajes maravillosos. Personas totalmente diferentes, con formas de encajar las situaciones que no casan con lo esperado. No sé a qué demonios estáis esperando para dar una oportunidad a nuestras chicas de Votos.
Nota final de la saga: 4,25/5

Citas

(…)
-En mi mundo, si haces un trato, lo cumples.
(…)


(…)
Sí, sabía caer. Pero también lo que podía pasar si el aterrizaje no salía como habías planeado.

(…)

3/11/17

RESEÑA #97: LA MAGIA DE SER SOFÍA


RESEÑA #97: LA MAGIA DE SER SOFÍA


¡Hola, hola, hola!

Para cuando se suba esta entrada yo estaré haciendo un examen, así que… ¡Deseadme suerte! Dicho esto, hoy os traigo una reseña de uno de esos libros que hacen que quieras abrir la ventana y lanzarlo. Sí, sí, tal cual. De antemano os digo que yo siempre respeto todas las opiniones, así que espero que hagáis lo mismo con la mía. El libro ha tenido muy buena prensa, lo sé y lo acepto; pero no es para mí. ¿Os cuento por qué? ¡Dentro reseña!


Ficha técnica



Título: (Sofía 1) La magia de ser Sofía

Autora: Elísabet Benavent

Editorial: Suma

Número de páginas: 528

ISBN: 9788491291107

Precio: 16,90

Sinopsis


Sofía tiene tres amores: su gata Holly, los libros y El café de Alejandría.

Sofía trabaja allí como camarera y es feliz.

Sofía no tiene pareja y tampoco la busca, aunque desearía encontrar la magia.

Sofía experimenta un chispazo cuando él cruza por primera vez la puerta.

Él aparece por casualidad guiado por el aroma de las partículas de café...

...o tal vez por el destino.

Él se llama Héctor y está a punto de descubrir dónde reside la magia.


Mi opinión


Lo primero que tengo que decir es que, aunque he suspendido el libro, no lo he hecho porque sea esencialmente malo. Si este libro se ha llevado un dos sobre cinco ha sido, principalmente, porque el final me ha cabreado. Y mucho. Supongo que esta no es la forma correcta de empezar una reseña; a fin de cuentas, es ley de vida que, por mucho que nos guste un autor, una autora para el caso, haya decepciones. La que yo me llevo con La magia de ser Sofía es mayúscula. Dejad que me explique. Hay dos cosas que no soporto y que no perdono a nadie: la hipocresía y la cobardía. Ahora sí, dicho esto, vamos con la reseña.

El Alejandría es una cafetería maravillosa. Un lugar cargado de magia. En cada rincón, mezcla de olor a café, magdalenas, tartas y papel; se respira magia. En cada rincón, haya silencio, música, o el murmullo de conversaciones. Un lugar maravilloso. Un lugar al que me fascinaría ir porque, ¿a quién no le gusta ese rollo de local con luces suaves, ambiente relajado y buen café?
En el Alejandría las normas son… peculiares. Los clientes son algo así como una gran familia y los camareros y camareras, consejeros, amigos y perfectos profesionales. No en vano, Lolo, el dueño, pide que sus trabajadoras y trabajadores tengan magia. Ay, la magia. Un concepto precioso. Una idea maravillosa. No sabéis la rabia que me da haber tenido que dar tan mala nota al libro.

Sofía lleva ya unos cuantos años trabajando en la cafetería de la magia. Un lugar que le roba el aliento. Un lugar en el que se encontró a sí misma después de una ruptura nada amistosa. Sí, Sofía es de esas chicas que ha vivido en primera persona lo que es que te pongan los cuernos. Tal vez esta sea mi primera queja. Vamos a ver, entiendo que los cuernos no son graciosos. De verdad que lo entiendo. Ahora bien, ¿vale la pena flagelarse tanto por una relación fallida? Porque, sintiéndolo mucho, antes de los cuernos hay un distanciamiento muy salvaje en la pareja. Sí, levantad las cejas y decid que no hago más que decir (escribir) gilipolleces porque aún soy joven, pero pensad en ello. Cuando la personita con la que estáis no quiere saber nada de sexo, ni de estar con vosotras o con vosotros… ¿no os da que pensar? Porque a mí, sintiéndolo mucho, sí.

Decía que eso era el primer punto que me chirrió. Lo mantengo. Pero subo la puja. Héctor ha dejado a su novia en Ginebra (Suiza). Lucía, una chica de éxito con la que realmente ya ni siquiera se entiende. Ella cobra un pastón cada mes. Él no. Ella es de esas personas que quieren vivir a todo trapo. Él no. Dieciocho años juntos. Dieciocho años que, tal vez, hayan sido una pérdida de tiempo.

Me gusta que una persona llegue, escriba un libro con el que nos levante todos los prejuicios y nos deje desnudas y desnudos ante la más cruda de las verdad. Me gusta y eso es algo que en esta novela no pasa. Es evidente, desde el minuto cero, que Héctor realmente no quiere a Lucía. Igual de evidente que es en sentido contrario, no vayamos a empezar con la cancioncilla de que él es un cabrón y ella una mártir, porque me sale el lado feminista y me pongo muy borde. A lo que voy. Si ambos saben que la relación no funciona, ¿por qué siguen? Por el error de todos los idiotas que habemos en este mundo: la comodidad. Venga, que estoy de mala leche y tengo ganas de hablar de más. La comodidad y la felicidad son cosas totalmente antagónicas, al menos la mayor parte del tiempo. Dicho esto, me parece el colmo de lo lamentable que dos personas están juntas sólo porque no quieran abrir horizontes. Si algo no te hace feliz, si algo no consigue que te mueras de ganas por seguir con ello, dale una patada. Una muy fuerte. Una que haga que te duela el pie, pero que te aparezca una sonrisa cuando te sientas libre. Porque sí, amigas y amigos, Lucía y Héctor no son más que carceleros, el uno de la otra y la otra del uno. Bravo.

No creo que sorprenda a nadie que un día Héctor entre en el Alejandría. A fin de cuentas, se ha ido a Madrid para empezar a asentar el terreno de lo que será su nueva vida con Lucía en España. No creo que sorprenda, porque para más colmo vive con una vieja amiga, Estela, en el bloque de enfrente. Ahora bien, puede que sí sorprenda que Sofía le monte un pollo de esos que a mí me lo cuenta una amiga y le pregunto si está mal de la cabeza o si es que no se ha sacado la escoba del culo todavía.

¡Esperad! Hay más. La pelea deriva en una disculpa. Disculpa que llega en forma de ofrenda de paz por parte de Héctor. Dicen que el roce hace el cariño. Dicen que pasar mucho tiempo con una persona hace que al final se sepa demasiado. Héctor tiene su habitación justo enfrente de la de Sofía. Decidme, ¿cómo creéis que va a acabar eso?

Antes de pasar a la zona spoiler – a despotricar a gusto –, quiero hablaros de un personaje que también tiene peso en la historia. Oliver, el mejor amigo de Sofía, alguien que no cree en el amor, que no quiere ni oír hablar de relaciones serias… hasta que un día se lleva un guantazo de realidad, de esos que pican.


Y ahora, bienvenidas y bienvenidos a la Zona Spoiler


Hipocresía y cobardía. Vaya mezcla. Me encanta lo hipócrita que es Sofía cuando dice que ella no quiere que ninguna mujer pase por lo que ha pasado ella. Ojo, que yo no la juzgo. A mí el amor libre me parece la pera, ahora bien, los discursos morales adaptados a la situación ya no me hacen tanta gracia. Pero no es nuestra dulce Sofía la única hipócrita. Héctor encarna todo lo que me ha puesto de mala leche en la novela. Voy a explicarme, que parece que vaya a mandarlos a los dos a la horca y no es el caso ni de lejos.

Es más que evidente que la relación se les va de las manos. Pasan de sonrisas, consejos y sueños a besos y sexo. Un resumen esclarecedor y carente de poesía, que ya sabéis que para esto yo prefiero ser pragmática. Es común confundir el sexo con amor. Eso fue lo primero que pensé cuando, después de un polvazo de estos que te mueres de aburrimiento leyendo – porque no sé a vosotras, pero a mí me aburre sobremanera leer las escenas de sexo: son todas iguales –, tanto él como ella empezaron a sentir de verdad que se querían. Ojo, que nuestra querida Benavent gestiona muy bien el asunto. Ya sabéis que me pirran sus historias, más que nada por ese lenguaje tan directo, ese tan de la calle, tan nuestro. Por eso mismo me pareció fantástico que jugara con los tiempos, con las canciones y los paseos para hacernos sentir más “real” ese amor que se estaba gestando. Y eso es lo último bonito que digo, porque yo me puse muy cínica.

Contestadme a algo, o no lo hagáis, pero al menos concedeme unos minutos y pensad en ello. ¿Alguna vez os habéis enamorado de una persona a la que conocéis a duras penas de unas semanas? Mi respuesta es un no rotundo. Por el amor de Dios, de la virgen, del crío que dormía tranquilo en la cuna y de todos los santos, ¡¿es qué nos hemos vuelto locos?! Enamorarse. Hablar de amor durante páginas y páginas. Saber cómo querer y hacerlo bien. Pues perdonad mi cinismo, mi mala leche y mi sarcasmo, pero a mí esos discursos edulcorados que podemos transferir de persona cada vez que algo sale mal… ni me impresionan, ni me interesan. Así de sencillo. Querer, querer de verdad es de ser muy valiente, porque cuando las cosas se ponen feas, salir corriendo es la opción de los cobardes.

Ahí radica el error, a mi juicio, del libro. Lo que empieza siendo una lección, lo que empieza siendo un plumazo para toda la gente que considera que que te pongan los cuernos es una aberración, termina siendo un jodido sí como la copa de un pino. Porque Héctor es un cobarde. Un cobarde y un gilipollas, si queréis mi opinión. Lo sé, lo sé, últimamente me paso de directa, pero ya os dije que estaba harta de tener que endulzar las palabras. A lo que iba. Héctor es una personita que no sabe lo que quiere. No quiero hacer el spoiler mayor, ya que todo lo que me ha puesto enferma pasa en las últimas cuarenta páginas, pero sí quiero invitaros a que reflexionéis conmigo a cerca de unas cuantas cosas.

Tres cosas. La primera es que me toca muchísimo la moral eso de poner nota a la gente. Decidme, ¿vosotras y vosotros sois tan mezquinos de poner nota a la gente? Y, en caso de hacerlo, ¿con qué derecho? Porque aquí se dice que Lucía es un diez. Me parece genial. Genial y maravilloso. Tanto que me parece la hostia que luego nos hablen de Sofía y Héctor, por no ponerle nota, diga que era perfecta para él. ¡Venga, hasta luego, campeón, como cierras la boca cuando no te interesa! Un guantazo. Un guantazo de esos que te caes al suelo de la impresión. Más cosas. Los celos. No puedo con los celos. El numerito lamentable de Sofía comparándose con Lucía me puso histérica. Hay que aceptarse, joder. ¿Qué más da? ¿Qué más da si estás gorda, delgada o si te gusta arrancarte los pelos de la nariz de uno en uno con unas pinzas? Es que ni lo entiendo ni tengo intención de hacerlo. Lección de vida: a quién no le guste, que le den por el orto. Y si le da gustito que le den más fuerte, que a lo mejor hasta le hacen un favor. Último apunte: Héctor, el rey de los cobardes. Me alegro. Así de claro. Me alegro de que sepa que acaba de joderse, palabras textuales, a sí mismo la vida. Porque es un cobarde. Porque no tiene las narices necesarias para decir lo que le hace feliz. Porque hay gente que, sintiéndolo mucho, ni siquiera vale la pena.

No, no voy a leer la segunda parte. No, no me importa cómo empiece o acabe. Para mí, la historia de Sofía ha sido una decepción. Una que me ha sentado como un tiro. Buena suerte a todas aquellas, a todos aquellos, que os aventuréis a leerla. Yo me bajo del barco y os deseo buen viaje.


Con todo, La magia de ser Sofía es un libro con un planteamiento erróneo. Cargado de lecciones morales que viran en función de quién las protagoniza, nos encontramos con unos protagonistas que, pese a haber podido ofrecer mucho, se quedan cortos.

Nota: 2/5


Citas


(…)

-No sé qué hacer con ellas, de verdad lo digo. ¡Qué suerte que sean mellizas, decían! ¡Las dos criadas a la vez! ¿Y la adolescencia qué? Porque me han pedido el disco de los Gemeliers y les ha dado igual que amenace con morirme.

(…)


(…)

-¿Y eso te ha pasado en Ginebra?
-¡Sal de aquí y cierra la puta puerta! ¡Estoy desnudo, joder!
-En serio, ¿eso te ha pasado en Ginebra?
-¿¡El qué?!
-¿Fue por vía oral o rectal?
-¿De qué coño hablas, Estela? ¿Puedes pirarte y dejar que me suba los gayumbos?
-Del palo que llevas incrustado…, creo que en el culo, estirado de los cojones.

(…)


(…)

-O pecamos de conformismo o de soñar demasiado. Nos enseñan a aspirar a más pero no a ser felices con lo que hay.

(…)


(…)

Nunca eres tan sincero con alguien como cuando ya has hecho el peor de los ridículos.

(…)


(…)

-Esta cabrona se ríe porque ya se sabe la historia. Fumé otra vez en Ámsterdam.
-¿Vomitaste?
-Qué va. Peor. Me entró una paranoia horrible y…
-Se pasó la noche gritando. Como un crío. Cada vez que alguien pasaba detrás de nosotros él gritaba como si se hubiera encontrado a la muerte y quisiera llevarlo con él.

(…)


(…)

-La suerte es una cosa curiosa. Huye muy lejos si siente que la persigues con demasiado ahínco. Hay que despistarla…, ir buscándola sin avaricia.

(…)


(…)

-Ay, Oliver – Me puse frente a él con cara de circunstancias y suspiré –. Hay batallas que tienes que perder tú solo para que la moraleja sirva de algo.

(…)


(…)

Los besos no tienen conciencia, no sé si me explico. Los besos son cosas que no piensan. Se sienten. Y si los piensas, dejan de existir.

(…)


(…)

Así entendí que juzgar no tiene sentido, que la vida no es o blanca o negra y que hablar del camino de otro si no lo has andado con sus mismos zapatos es absurdo.

(…)


(…)

Las niñas estaban emocionadas y un tanto molestas porque no habían podido ir a dormir a la puerta del recinto dos semanas antes para hacer cola. Mamen les dijo que, claro que sí, que fueran, que les llevaría termos con hostias como panes para que no pasaran frío por las noches. Les quedó bastante claro.

(…)


(…)

Es frustrante que las palabras se queden tan cortas a la hora de describir un beso. Es como si se quedara por el camino. Como si la sensación cálida en mi pecho se desvaneciera. Contarte cómo fue me hace olvidarlo un poco, creo. Porque fue un beso en el que te encuentras y no hacen falta palabras para ciertos reencuentros.

(…)


(…)

Nunca, prométetelo, pongas el bienestar de nadie por delante del tuyo en la lista de prioridades, porque el resultado es el mismo que empezar una escalera por el último escalón.

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Si te sirve un consejo mío… no pienses demasiado en todo lo que puede salir mal porque a la mala suerte no le hace falta que le facilites las cosas.


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